lunes, 22 de agosto de 2011

Olmo

    Hace unos días estuve contando en Cuevas de Velasco e hice un pequeña reseña de la contada por aquí, pero hubo algo que no pude compartir, o no del todo. Entre la gente del lugar conocí a Antonio. Apenas conversamos unos minutos, pero nos prometimos intercambiar un cuento y un poema sobre un olmo que estuvo enraizado en este lugar desde el siglo XVIII y que él vio caer. Con su permiso, mi parte del trato, la hago pública:

    El olmo llevaba en la plaza desde 1752. Era un olmo hueco por dentro. Los niños hacían de ese escondite una inquebrantable guarida y allí se resguardaban para no hacerse mayores. Pasaban en él tardes enteras y cuando volvían a casa tenían el olor de la madera en sus ropas. Los que conocían el secreto lo iban compartiendo con algunos elegidos que optaban por adentrarse en el olmo hueco, escapando de travesuras o probando a dar un primer beso.

   Años después, un alcalde, al entrar al cargo, decidió derrumbar el olmo hueco. Decía que era por la seguridad de los ciudadanos, no fuera, que a alguno de ellos le pudiera caer encima. Justo a las doce del mediodía, el tronco del olmo alcanzó el suelo, provocando un triste rugido seco. Justo a esa misma hora, Antonio, sintió un brusco golpe reverberar en su cabeza. Acto seguido, no recordaba nada.

   El médico, consagrado especialista en geriatría, confirmó en su diagnóstico que se trataba de "cosas de la edad".

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