lunes, 31 de octubre de 2011

El último de los dragones

   Recuerdo la primera vez que escuché las palabras "Animación a la Lectura" (o algunas similares). Corría el año 1990 y yo iba al colegio. Nos sacaron de clase en medio de un descoloque generalizado, no solíamos hacer excursiones sin previo aviso. El camino fue corto, atravesar el barrio y llegar al contiguo. Allí nos decepcionamos un poco al ver que íbamos, precisamente, a otro colegio. Pero cuando entramos la cosa cambió. El suelo estaba lleno de pisadas de dragón. Sí, sí, como lo lees. Como unas fieras fuimos siguiendo esas pisadas hasta llegar a la segunda planta del colegio que, hacía unos momentos, nos parecía horrible. Las pisadas se perdían en una especie de carpa y, por supuesto, entramos. 

   Lo que allí pasó fue cosa de magia y las cosas de magia no se cuentan, pero puedo decir que aquello que sucediera fue el motivo para que aún hoy recuerde El último de los dragones de una manera especial. Es solo ver la portada y me doy cuenta de lo que puede marcar una buena animación lectora (además de un buen libro). Curiosamente me encontré con Carles Cano, autor del libro, la semana pasada, en el Contescoltes de Simat y vine a casa con otro libro suyo bajo el brazo La máquina de cuentos, a la que aún no le he hincado el diente, pero fue curiosa la sensación de estar, más de 20 años después, con el autor de ese libro que me hizo soñar cuando era un chiquillo. 

   La historia del libro, por supuesto, es formidable y el final una delicia, pero me ceñiré a lo anecdótico de la situación. Porque no queda ahí la cosa. Las ilustraciones corrían a cargo de Miguel Calatayud. Imagino que al leer este libro por primera vez su nombre no llegó a quedarse en mi memoria, quizá ni siquiera el de Carles Cano. Pero el dragón sí. Y cuando hace un tiempo (ya inmerso en esto de la palabra) retomé el libro de la estantería familiar, podéis imaginar mi grata sorpresa, de tener a estos dos pesos pesados en mi haber literario infantil, sin ni siquiera saberlo. 

   En la vida todo hace, marca, influye, queda... y desde luego que descubrir este libro y potenciarlo con la animación de la que fuimos parte, algo y grande dejó. 

   Pues eso, que más que una reseña me quedó un alegato de la Animación Lectora, que dicho sea de paso, nunca viene mal. Abrazotes

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