domingo, 29 de abril de 2012

Azul casi transparente

    Hace una semana, cuando comencé a leer Azul casi transparente (Anagrama), lo hice sin mirar la contraportada, sin saber sobre qué trataba.  Quizá de haber leído esa contra no me hubiese animado con su lectura, ya que estaba buscando algo sutil y ésta insinuaba un texto más bien explícito.


   La lectura comenzó agresiva, con descripciones de consumo y orgías bastante gratuitas que me hicieron dudar. Pero el libro se fue definiendo en esos detalles minuciosos. No bastaba con explicar como Ryu, el protagonista, consumía heroína, el autor quería visualizar el recorrido que la droga hacía por el cuerpo de éste y aproximaba de una manera delicadísima la experiencia como si se viviera en su propia piel. No sorprende que se haya interpretado que ese Ryu sea el propio escritor, Ryu Murakami. De hecho en las últimas páginas el texto pretende apuntar hacía esa línea. 

   La magia de esta lectura consiste en dejarse llevar por sus contrastes, drogas, sexo explícito y descripciones delicadas, completamente sensoriales... en una primera persona abrumadora. Se pueden encontrar momentos brillantes como la descripción de percepciones al volante de un coche.


    Ocurre, como con otras grandes obras, que la historia puede quedar en un segundo plano y lo realmente importante es el cómo se cuenta. Las binomios léxicos magistralmente enlazados acaban convirtiéndose en el motor de esta novela. Por eso no contaré mucho más de ella, porque no leí la contraportada, no tenía pistas, y no las voy a dar....

   Buena lectura! Abrazotes!

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