miércoles, 6 de marzo de 2013

El Bunyip

   El Bunyip es un cuento con sabor a clásico, publicado inicialmente en el 73. El año pasado Ekaré quiso traerlo al presente con una cuidada edición que mantuvo las ilustraciones del conocido ilustrador Ron Brooks. 

 El Bunyip, en su origen, es un ser mitológico de los aborígenes de Australia. Se cuenta de él, por lo general, que vive alrededor de ríos, lagunas, arroyos... y que tiene un voraz apetito. Jenny Wagner lo presentó en este cuento como un ser sensible y desconocido, no solo para los demás sino para él mismo. El cuento habla de un proceso de búsqueda, es un canto a la identidad, tratado de una manera tan delicada como sincera (es decir, con sus brusquedades). Una historia que juega muy bien con la ambigüedad de la existencia fantástica de los seres mitológicos y el reconocimiento de la propia identidad

Portada del 2012. Ekaré.
Portada original del 1973


   










  

   En el cuento varios animales son interrogados con la pregunta “¿a qué se parece un Bunyip?”. Todos coinciden en que tiene cosas horrendas (cola, plumas, patas con membranas) y algunos llegan a responder que “a nada, porque los Bunyip no existen”. La perla, por supuesto es de un humano, y ahoga al Bunyip con toda su autenticidad a una poza donde nadie lo viera.

   La historia da un giro hermoso y cierra de una manera redonda las preguntas iniciales y constantes “¿Qué soy?, “A qué me parezco?”.

   Una delicia de lectura, con unas ilustraciones que dan un rasgo de humanidad asombroso al Bunyip. Podemos ver sus sentimientos en su rostro, pero también en la postura de su cuerpo. Cada página nos acompaña en ese saber quién es uno, desde la portada, en la que el Bunyip palpa su rostro tratando, al menos, de imaginarse.

   Un clásico imprescindible en la biblioteca de casa.

2 comentarios:

  1. Encantada de conocer a este ser fantástico. Creo que es una lectura muy reflexiva no sólo aplicable a seres mitológicos, sino válido como las eternas preguntas trascendentales de los propios humanos... ;)

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    1. Me alegra de veras.

      Efectivamente, la fuerza de la historia reside en esa metáfora tan delicadamente tratada. Gracias por compartirlo ;)

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