viernes, 15 de marzo de 2013

Fábulas, parábolas y paradojas

Vuelvo a la carga con otro canto al absurdo, vuelvo con Leo Masliah.

Libro a libro me va convenciendo de que ese cantar por lo general está amainado y de que hacen falta voces que lo coréen por los rincones. Eso consigue Masliah en este "Fábulas, parábolas y paradojas" editado el año pasado por Criatura Editora.

Se trata de una colección de un sinfín de aproximaciones al absurdo nada gratuitas, basadas en la observación y en la capacidad de sorprenderse del cotidiano como ya adelantaba en su anterior crítica. 
En este caso la semántica pasa a un segundo término y  los ejercicios de "metaliteratura" toman protagonismo en la voz de animales de fábulas y humanos. Algunos descabellados, otros ingeniosos, otros por puro divertimento... conforman una colección de lectura agradable, inteligente y divertida a partes iguales.

Su contra presenta uno de los textos que en el libro se incluyen que, si bien no es mi favorito, tiene toda la identidad del resto de sus páginas. Ahí la dejo:

El cangrejo visitó muchos países (Ucrania, Zimbabue, etc.). Luego visitó parientes: hermanos, tías, primos, abuelos... Luego visitó museos. Luego visitó también pacientes: pacientes comatosos, pacientes achacosos. Luego escribió un libro contando todo lo que había visitado y lo tituló “Libro de visitas”. Pero todos los que veían el libro, en vez de leerlo, creían que era un libro en el que debían dejar constancia de su paso por el lugar, y le escribían encima. Algunos, molestos por no encontrar en el libro espacios en blanco donde firmar, esparcían primero una capa de líquido corrector blanco sobre una página, y esperaban a que se secara, para luego poner ahí su firma, precedida de una extensa dedicatoria. Como por ejemplo, “a mi querido cangrejo a quien tuve el gran honor y la satisfacción de visitar porque siempre es muy enriquecedor el intercambio con otras especies ya que su conocimiento nos ayuda a preservar mejor el medio ambiente y a multiplicar nuestros recursos naturales. ¡Aguante, Cangre!.

Destacar que no hay separaciones entre fábula y fábula, ni un punto y aparte en todo el libro, cuestión que nos hace aproximarnos a esa manera tan suya de contar. Grande Leo.

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