miércoles, 15 de mayo de 2013

Susurrando cuentos

  Me pregunto qué queda cuando un narrador se queda sin voz, cuando todo lo que es, calla, se silencia.

  He pasado una afonía de la que aún no me he despedido del todo y ha coincidido con una época de Ferias del Libro y sesiones muy abultadas en lo que a público se refiere. De repente me sentía desnudo ante el público sintiendo que mi cuerpo estaba y mis ganas, pero mi herramienta básica (no la única) no me acompañaba. 

  Son momentos para repensar algunos de los cuentos que forman parte del repertorio de uno, dónde están los acentos, quizá en la cadencia, en los cambios de ritmo, los gritos inesperados, los susurros... y todo se comienza a desvanecer para dejar paso a la historia, plana, para que la voz llegue, pero a solas con el público.

  Y uno se sigue llevando sorpresas en este oficio cuando tiene enfrente suya un grupo de 150 chicos de 8 a 10 años, que se dejan llevar por la historia y les da igual los sobresaltos o los juegos de la voz, o mejor dicho, no lo necesitan, saben dónde reside la fuerza de una historia y es uno el que a veces cae en esos juegos, no gratuitos, pero sí con garantías.

  Es curioso, que quedarse sin voz sirva para escuchar otras cosas. 
  He dicho (aunque en voz baja)

6 comentarios:

  1. Ohh!! Hola Fran, vaya como te entiendo, estoy igual que tú, afonía desde hace dos días y tengo que contar el sábado y el domingo. He probado con todo y cansada de ir al logopeda...
    Lo único que funciona es reposo de voz...qué fácil, en temporada alta!!
    Cuídate mucho, y déjate mimar.
    Por cierto como no hablo escucho y leo mucho, pásate por mi facebook, hay un enlace buenísimo sobre la respiración en los cuentos por Virginia.
    Besos de silencio.

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    1. Cuántas voces calladas!

      Enseguida le echo un ojo al artículo de Virginia. He probado un spray de propoleo con erisimo que va bastante bien... por si te sirve ;) Toda cosa es buena, que se pasa mu malamente!

      Besos!

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  2. Hola Fran. La verdad es que también me siento identificada con los que dices, siempre hay algún momento de debilidad en el que no contamos con toda la "herramienta" tal y como nos gustaría pero, milagrosamente diría yo, es en esos momentos cuando uno encuentra grandes claves. Que te mejores, un abrazo!

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    1. Gracias Inés.

      Estar en el escenario es un hecho sensible, no paran de llegar informaciones y, parece, que al carecer de la voz aparecen esas claves que comentas. Me recuerda a aquello de los sentidos... prescindir de uno te hace reforzar el resto... Quizá vaya por ahí.

      Un abrazo grande!

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  3. Joe macho que mala pata... Pero bueno, me mola que le saques el lado positivo a esto que te ocurre. Porque, además, creo que es cierto. Y, como bien dices en el comentario anterior, uno agudiza otros sentidos cuando le falta alguno.
    Solo me queda recomendarte un par de truquitos para cuidarsela que nos ha dado mi profesor de voz (el que tenemos en La Escuela de Cuentacuentos). Caramelos de limón-miel cuando notes un poquito de sequedad en la garganta e infusiones de tomillo cuando estes más fastidiado. Y hablo de garganta porque, al fin y al cabo, cuando uno se queda afónico es porque ha tirado más de la garganta de la cuenta y al final las cuerdas vocales lo notan.
    Un abrazote y a recuperarte!

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    1. Gracias Israel... el culpable lo tengo localizado... el aire acondicionado del coche y su compañía durante muchas horas. Pero sí, tenía ese puntito en la garganta que en lugar de cuidar, dije, bah... esto no es nada.... pues algo era.

      Gracias por los consejos, se me está poniendo cara de caramelo, pero va a mejor ;)

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