martes, 18 de junio de 2013

Fabulando sobre el origen de las historias

Ando aterrizando del Maratón de Cuentos de Guadalajara, con muchas experiencias vividas, desde la mañana del miércoles hasta el domingo de madrugada. Pero me quería centrar, por el momento, en el taller que disfruté durante miércoles y jueves "En busca del fuego de las historias", un taller donde investigar, fabular y pensar dónde nació la primera historia.

Muchas voces y muy variadas dieron forma a estos dos intensos días, Ben Haggarty, Pedro Espí, Kapilolo, José Manuel de Padra - Samper, Estrella Ortiz, Luis C. Carmelo, Bohdan Ulasin, John Parkington, Helena Cuesta...

Desde la arqueología, hasta la narración contemporánea, todos embarcados en una misma idea: El origen de la narración. El intento es hermoso, pero realmente complejo porque ni siquiera existe la certeza de que en las cuevas (donde se centraba el proyecto) se contaran cuentos. Los cuentos están hechos de oralidad y su esencia es efímera, pueden transcender, pero no dejan una constancia física del primer lugar donde fueron contados.

Un acercamiento bastante certero fue el que propuso Ben Haggarty, defendiendo que, las pinturas rupestres, pueden ser una historia en sí mismas, al menos, como arqueólogos ellos deben crear las historias para inferir qué podía ocurrir, cuál era el motivo de cada una de las pinturas.



Extraído del blog alpiedelmontemesa.blogspot.com






Se insistió mucho en el hecho oral: el aparato bucofonador, la capacidad psicológica...pero a mi jucio las historias nacen antes, en los cuerpos, como un juego (en la línea de lo que Estrella Ortiz comentó) compartiendo nuestros orígenes con el teatro.

Puestos a fabular, que a fin de cuentas para algo somos cuentistas y no antropólogos ni arqueólogos, me gusta pensar que la primera historia, la necesidad de contar la primera historia, nació de una madre al ver a su hijo. La risa es algo inherente al humano, el humor requiere entrenamiento, pero no la carcajada. 

Me imagino a una homo sapiens observando a su bebé y éste, en un acto reflejo o azaroso, esbozar una sonrisa. Si este hecho se da, la madre hará lo posible para volver a disfrutar de aquella sonrisa y hará ruidos, pondrá extraños gestos, quizá imite a un eland, primero en cuerpo, luego le añada sonidos. Quizá lo ridiculice para que el niño no tenga miedo o quizá lo ensalce para que su bebé sea precavido y poder protegerlo. Algo así hacemos con animales de cuento como el lobo.

Por tanto, puestos a fabular... fabulemos. A fin de cuentas no parece tan descabellado que la primera historia nazca de una sonrisa.

4 comentarios:

  1. Pues tu pensamiento me parece tan fabuloso y tierno... un acto sencillo, lógico... no es necesario buscar más allá, darle tantas vueltas a las cosas. Me he imaginado a esa madre con su bebé, y me he visto por un momento a mí misma con mi hijo y después he pensado en el mismo momento de tantas miles y millones y millones de madres con sus bebés... esa sonrisa, esos gestos. Cuantísimo amor y ternura!!!.

    Para añadir algo más, diría que el origen de las historias puede estar en los sueños. Porque los sueños, sueños son.. y lo mismo pueden ser realistas, que funambulescos y divertidos, o inquietantes y turbadores, o llenos de amor y ternura... como las propias historias. También nos dan oportunidad de aprender y de esto las historias sabe muuucho ;^). Así que, ésta es mi pequeña contribución.

    Muchos Besotes!!!.

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    1. Mil gracias por tu aportación Inma. Estoy 100 % de acuerdo con la propuesta de los sueños. De hecho en el taller del que habla surgió como una posible primera historia "inconsciente".

      Me alegra leer tus comentarios, un abrazo.

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  2. Precioso, Fran. Me ha gustado este acercamiento a ese taller que no pude disfrutar. Un abrazote

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    1. Gracias Laura, quedan muchas cosas en el tintero, pero seguro que tenemos ocasión de hablarlas ;)

      Abrazos

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