lunes, 2 de septiembre de 2013

Gorras y gorrillas

Me permito copiar un artículo de Carlos Gil Zamora en (Artezblai.com) que he conocido a través de Carlos Saez, y al finalizar, si os parece y quedan ganas comento dos cosas.

En una red social se ha mantenido durante la pasada semana un debate bastante interesante sobre una iniciativa que se está consolidando como marca con el bonito nombre inglés de "Pay After Show", que en traducción castiza sería el proverbial y ancestral, pasar la gorra después de actuar. En unos encuentros que he participado en Brasilia, en el contexto del Festival Cena Contemporánea con la invocación de "Creatividad y Transformación de las Ciudades", ha aparecido, como no puede ser de otra manera, el problema de la financiación de la Cultura, y se han tocado asuntos sobre la micro financiación, la esponsorización, el mecenazgo, el crowdfunding y todos esos conceptos viejos, traducidos al inglés, que suenan como más impactantes.
En los momentos de máxima acritud en el debate de la red, se colocaron posturas que parecen irreconciliables y que están marcadas por un sentimentalismo y un concepto neo-liberal de la oportunidad y del "esto mejor que nada", que conmueve. No estoy en contra de la fórmula de que el público pague después de haber visto la obra lo que le parezca adecuado. Todas las fórmulas para captar indecisos son, en principio, aceptables. Lo que me parece que entra en otra dimensión del asunto es que se organicen con entidad pomposa festivales, circuitos, programaciones con esta invocación.
Estaba pensando que si se extiende esto, a lo mejor pago el chuletón de buey no a peso, sino según me gusta. Y como el verdejo no esté frío, me lo bebo y le digo al camarero, hasta luego Lucas que no me ha gustado. Voy, elijo unos zapatos, me los llevo puestos, ando con ellos una semana y vuelvo y le digo a la dependienta, nada de ciento quince euros, estos valen, a mi entender, treinta y cinco. Y porque estoy generoso.
Querido Gonzalo Andino, nadie te quita la legitimidad para proponerlo y hacerlo. No dudo de tu buena voluntad, todos quienes te conocemos sabemos de tu constante inquietud por crear espacios, por inventarte maneras, formas, nombres, convocatorias, pero se corre un peligro, y es consolidar de manera bonita, y en inglés, la miseria y se den vías de escape para el deber de las instituciones para sostener la Cultura con dineros públicos. Al igual que se sostiene la Seguridad. O la Agricultura. Para decírtelo con el cariño que te tengo, es una ingenuidad creer que eso de pasar la gorra es sostenible. Es consagrar la auto-explotación, crear circuitos voluntaristas. Y no te voy a negar que en el escalafón de artistas en ciernes, en formación, es necesario que se fogueen. Es mejor una actriz pasando la gorra, que recogiendo propinas en una terraza de un bar como camarera. Indudablemente.
El problema es cuando se intenta hacer de ello un campo novedoso, una alternativa. Lo micro que tanto defendemos, nos va a matar. Ese micro, se va a convertir en microbio que lo infecte todo y nos corroa. Nos alivie desde la insignificancia y demos argumentos para que no se cumplan con los deberes políticos. Es necesario reclamar presupuestos suficientes y apropiados para la actividad cultural. Y una vez aposentado este principio, que cada perro se lama su cipote. Es decir, si hay programaciones reales en los teatros públicos, si las ayudas son democráticas y suficientes para sostener una actividad profesionalizada digna, después yo me apunto a contar unos cuentos antitaurinos que tengo, maravillosos, por cierto, pasando la gorra. Es más, con tener los tragos pagados, voy.
Por eso pido a todos, y lo digo en el mundo global en el que nos movemos, que no perdamos el Norte. Y es que los Estados tienen obligaciones con la Cultura, es decir con la ciudadanía, no solamente con los artistas y agentes culturales, del mismo rango que con la Educación. No estoy en edad escolar, y no creo que acabe estudiando en un colegio del Opus, pero me temo que tenga que ir a demasiados teatros del Opus en mis próximos años como no paremos esta deriva de libre mercado, de buscarse la vida, de que la taquilla es suficiente y del que venga atrás que arree. ¿Quién se imagina a Velázquez vendiendo sus cuadros en la calle al mejor postor? Pensemos, hermanos, que nos están inoculando un mensaje demoledor. Bien por las iniciativas privadas, por la independencia, pero sin renunciar a la obligatoria ayuda pública.
Estaba pensado que los políticos podían también cobrar play after show. ¿A qué no se atreven?
--------------------------------------------
A día de hoy, la calle y la gorra no son mis escenarios ni modos de trabajo principales, cierto es. Pero conozco lo que es trabajar en la calle tanto haciendo teatro activo como con la narración. También he pasado la gorra y me parece digno, auténtico y si quieres más coherente que muchas otras opciones. En el momento que es el artista el que toma la decisión de pasar la gorra, creo que el debate es inexistente. Lo que no es permisible es que programadores y ayuntamientos hagan caja (económica o publicitaria) a través de que los riesgos los asuman otros.
Conozco festivales 100 % a la gorra en la que los programadores trabajan como el que más y no esperan recibir remuneración dada la entidad del festival. Sin embargo son capaces de cubrir comida, alojamiento y más para todos sus artistas.  Siendo así, estamos hablando de compañerismo, de relaciones horizontales que quieren que el arte llegue a la calle, a las ciudades, que llame a las puertas de las casas. Pero si la relación es otra, y los que sí cobran marcan la pauta, entonces ni gorra, ni leches, con perdón.

Además es un caso extrapolable a los cachés irrisorios o al taquillaje, la nueva lógica de demasiados teatros en España.
Os enlazo la página de la revista, el debate sigue abierto, por si queréis participar.
Saludos

4 comentarios:

  1. Había leído el artículo y me había generado mis discrepancias. Pero creo que has dado en el clavo con lo que has añadido y hay poco más que decir.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias Israel,

      Al final la decisión le pertenece al artista, pero las balanzas están muy desequilibradas y no siempre se juega al mismo juego...

      Eliminar
  2. Excelente artículo que comparto 100% y que leo justo en el momento que hablaba de este mismo tema con mi compañera.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Qué bueno tenerte por aquí, Jesús.

      Algunos de los apuntes que se hacen en el artículo parecen tan de cajón que no deberían cuestionarse, pero aun estamos, a día de hoy, debatiendo sobre el tema... imagino que todos nos tenemos que dar cuenta los modus operandi de programadores, ayuntamientos... y responder (sea cual sea nuestra decisión) de manera coherente.

      Un abrazo.

      Eliminar