viernes, 26 de septiembre de 2014

Entrevista en La Luciérnaga Habitada

Los compas de La Luciérnaga Habitada, me hacen esta entrevista que tengo el placer de compartir. Espero que os interese.

Entrevista Habitada: Fran Pintadera.

Fran Pintadera
Narrador oral, cuentero, escritor, miembro de la Luciérnaga Habitada, con formación académica de psicopedagogo y educación social. 

¿Qué te ha enseñado el arte de contar historias?.¿Cómo llegaste hasta él?

Llegué a la narración como público asiduo. No tengo el recuerdo de ir a escuchar cuentos siendo niño, pero cuando descubrí la narración ya de grande, me quedé fascinado. Iba indiscriminadamente a sesiones infantiles y de adultos. Si eran de calidad, no me parecía que tuvieran tantas diferencias. Aún hoy creo que no las tienen. Yo venía de hacer teatro a nivel amateur y sobretodo mucho teatro activista a pie de calle. Sin embargo, el tiempo me fue poniendo en el cuerpo las ganas de hacer algo más sincero, más hacia dentro.

Estoy aprendiendo mucho, no solo del arte de contar historias sino de lidiar con ello cada día. Un oficio como este (y otros muchos) se convierte en algo más que un trabajo. Siempre digo que es una manera de entender la vida. Trato de vivir con ese toque de fantasía, emoción y locura que los cuentos nos transmiten. No es poco.

Durante tu viaje por la educación ¿Qué recuerdas que te acercó a la literatura y qué te alejó?

A la literatura me acercó la misma literatura y si algo me distanció fue el sistema educativo y los profesores con los que tropecé. Siempre me ha gustado leer, de pequeño devoraba libros y en el instituto seguía con ese interés. Pero enfrentarte a las lecturas recomendadas por parte del profesorado era una de las peores pesadillas que todo lector (o no lector) puede tener. Las recomendaciones eran inoportunas, obsoletas y meramente curriculares. Sentía que la literatura, de pronto, se convertía en un instrumento, en un método para evaluarme. Recuerdo leer clásicos que hoy me encantan y, sin embargo, odiarlos entonces con toda mi alma porque iban para examen. Aún así, te sacaban un sonrisa, pero no los disfruté del todo hasta que los leí por cuenta propia. En el instituto confiaba en que la historia fuese diferente pero mis profesores se alarmaban si proponía lecturas de Bukowski o Loriga, que era lo que leía en aquella época. Por otro lado siempre me ha gustado la poesía y ver cómo destripaban la emoción de los versos de Lorca o Miguel Hernández a cambio de contar sus sílabas siempre me ha parecido, como poco, condenable.

No tuve suerte con el profesorado, está claro. Pero en el mejor de los casos creo que todavía hay un “sota, caballo, rey” en cuanto a la oferta literaria, una falta de conocimiento sobre los nuevos títulos y un afán por pedagogizar en lugar de hacer disfrutar a través de la literatura.

Eres miembro del equipo de la Escuela de Luciérnagas 2014/2015. ¿Qué es la Escuela de Luciérnagas para ti?. ¿Cuál es tu motivación para participar en este proyecto?.


Para mí la Escuela de Luciérnagas es un poquito de aire. Como formador es un espacio de juego, de goce, de no buscar un objetivo en cada cosa que se hace.. Pero sobretodo me mueve mi motivación como padre coimpulsor de esta nueva etapa de la Luciérnaga. La oferta de actividades infantiles, en general, está completamente mediada por los resultados (aprender inglés, reforzar matemáticas, saber judo...) A mí, como padre, no me importa lo que mi hijo aprenda o deje de aprender. Va a saber muchas cosas, es un niño y su interés constante (como el de cualquier otro niño) no tiene límites. Todo llega. Queríamos un espacio rico en oportunidades, en el que lo único importante fuera disfrutar. No existía, así que lo creamos.

Por otro lado, la oferta de la Escuela es mucha y variada (danza, canto, teatro, capoeira, emociones, clown...) . Hay profesionales increíbles, cada uno en su ámbito y, aunque a todos les acompaña un historial curricular más que meritorio, la selección ha buscado su manera de encontrarse con el oficio. Si había placer, nos interesaba. Si solo había medallas, no.

Realizas talleres de animación lectora para profesorado, háblanos de lo más importante que transmites en ellos.

Eso lo tendrían que decir ellos. Yo puedo llegar con mis deberes hechos de casa, pero lo que sucede realmente, lo que queda, depende de cada participante. A mí, me interesa sobretodo que no se utilice el cuento como un elemento de tortura, como decía Rodari. Me interesa que los cuentos llenen las aulas porque a los niños les gusta escuchar cuentos, no porque hablan de valores. Me interesa que los maestros disfruten cuando cuentan.

Me parece importante transmitir que no siempre le tenemos que buscar una utilidad a las cosas. Si nos quitamos esa presión, entonces aparece la literatura, la risa, la complicidad. Eso me gustaría transmitir: que los cuentos están para disfrutarlos y que tienen un público ansioso de disfrutar con ellos. Solo eso.

¿Qué te gustaría que hagan con un cuento tuyo y qué no?

Nunca lo había pensado, pero imagino que con la respuesta anterior queda más o menos dicho. No me gustaría que prostituyesen el cuento en pro de enseñar algo. No escribo para adoctrinar, ni aleccionar a nadie. Tampoco me gustaría que tuvieran que hacer un resumen, ni medir los versos, en el caso de la poesía.

Me gustaría que estuviera en una estantería cómoda para el niño, que lo pueda coger cuando quiera, que lo lea sin prisa y que se lo cuenten siempre que lo pida. Eso es lo mejor que le puede pasar a un cuento mío.


Qué experiencias tienes en tus contadas para niños. ¿Qué intención tienen tus sesiones de cuentos infantiles?

¿Para Adolescentes? ¿Para Adultos?


Mi intención es siempre la misma: disfrutar. Según el tipo de actuación (calle, auditorio, colegios...) disfruto más de una manera o de otra. En la calle me encantan los cuentos participativos y el jolgorio. En un auditorio los silencios. Sin embargo, creo en el equilibrio y en la sorpresa, un buen silencio entre el bullicio de una actuación a pie de calle solo es comparable con una buena dosis de griterío, risas y complicidad del público, en un auditorio.

Lo que me mueve a contar para diferentes públicos es muy similar, pero siempre hay matices. Para jóvenes y adultos es especialmente interesante porque muchos no han oído cuentos desde hace mucho tiempo y no saben muy bien que se van a encontrar delante. Ese momento de incertidumbre me encanta, porque lo vas labrando con cada palabra y cuando sientes que estáis en el mismo lugar y caminando en la misma historia es increíble.

Con los niños me fascina como te desmontan en un segundo. Son capaces de encontrar el detalle más ínfimo del cuento o la relación más extravagante para hacer temblar todo lo que llevas “preparado” de casa. Te hacen estar vivo y presente. Cuando les cuentas cuentos, saben que son importantes, fundamentales y te lo hacen ver.



Has participado de la organización de Alarclown 2014. ¿Que te ha sorprendido del encuentro?


Alarclown ha sido un proyecto muy emocionante. Creo que había mucha calidez en los participantes y en la gente que se acercó un rato a compartir con nosotros esta locura. Nuestra intención, desde un principio, era esa. No queríamos algo grande e inabarcable, queríamos encontrarnos con los vecinos, amigos y payasos a cada tanto y reírnos mucho. Y lo hemos conseguido hemos reído y llorado todo lo que se podía. Ha sido realmente cercano, nos hemos mimado mucho.

Proyectos en los que estás trabajando ahora.

Muchos y variados, pero no los cuento, no sea que se diluyan, se evaporen o se pierdan en el aire.

Tres libros...

Por afecto vital:

Habitaciones separadas de Luis García Montero.

Por su calidad y sinceridad:

El pastor de nubes de Pedro Villar y Miguel Ángel Diez.

Por mi momento como padre:

El educador mercenario de Pedro García Olivo.


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