martes, 9 de septiembre de 2014

Sobre quién escribe y cuenta

Hace unos tres años conocí la poesía de Humberto Ak'abal y redescubrí, sencillamente, la poesía.

El libro que llegó a mis manos fue Retoño salvaje, una colección de poemas en los que el adjetivo salvaje no está utilizado de manera azarosa. Son poemas breves pero con una fuerza que escapa a la página y al propio cuerpo. Son poemas reales, crudos y armoniosos, sin ostentaciones. 

Al leer casi cualquiera de sus páginas uno encuentra la poesía, más allá de quién la haya escrito. Entre el libro y el lector aparece una comunión más allá de épocas y lugares. Aparece la literatura.

Por desgracia es un fenómeno cada vez menos frecuente cuando leo poesía y no es un mal endémico del verso, se extiende a otros géneros, como la novela o el cuento. En el caso del cuento, además ese no llegar no se queda en la historia escrita sino que abarca también la narración oral. El que escribe (o el que cuenta) lo hace a merced de un mercado (editorial, público al que va dirigido, audiencia...) y su primer impulso es satisfacer las necesidades o las querencias del otro, del que está más allá, en lugar de impulsarle un deseo literario, puro, visceral, como comentaba que ocurre en la poesía de Ak'abal (y por suerte de algunos otros).

Desde luego que no sucede ni siempre, ni con todos, pero desde hace un tiempo, me siento algo engañado. Veo, leo y escucho mucho cuento (quizá fuera mejor decir mucho escritor/narrador) guiado, no solo por el ego, sino por la aprobación constante, por una fachada inmensa que trata de construir un castillo sobre su persona o su obra. Y al principio gusta y hasta convence, pero al final el engaño se descubre, el castillo se desmorona y una vez que esto ocurre ya nada de lo que te dicen parece sincero. 

Cuando lo que sucede en un papel o un escenario es real, sobran las presentaciones, los títulos y los premios. Cuando aparece la mirada sobre el mundo, sobra todo lo demás.

No considero que una obra, en cualquiera de sus formas, se alimente del aplauso final. Su alimento debe ser la misma obra, el mismo deseo de ser contada o escrita. Si desde ese lugar llega algo, será bienvenido. Pero si ese resultado es nuestro motor, solo estaremos vendiendo mercancía, no literatura, ni arte, ni nada que se le parezca.

6 comentarios:

  1. Es lo que sucede cuando se aplican los parámetros de mercado a ámbitos que están fuera y deben seguir estándolo (educación, sanidad, cultura...).
    Abrazos

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    1. Cierto, pero además hay un componente individual y personal de cada uno.
      El lado oscuro es más rápido y más seductor, pero no más poderoso :)

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  2. Estupenda reflexión, como dices hay cosas que caen por su propio peso.
    La nobleza en el arte debería de ser el primero de los requisitos y es verdad que a veces falta.
    Un abrazo

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    1. Otro abrazo grande para ti y gracias por comentar :)

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  3. Muy interesante, Fran, cómo siempre tienes una mirada que suscita la reflexión. Estoy de acuerdo en que en todas las ramas artísticas hay quien llega y quien no llega, y en que poner el corazón es esencial. También pienso que hay artistas que se acomodan en un formato que "les funciona" y dejan de llegar, porque el mundo evoluciona y ellos no. También que existe una frescura y una conexión que uno tiene de repente y luego la pierde; las mejores pelis de billy wilder las hace en los 50 y primeros 60, luego pierde inexplicablemente el "toque". Y no se puede decir que sea culpa del mercado, quizá son sus películas más personales, pero no llega... Yo creo que en nuestro oficio sucede algo similar. Somos un arte pequeño, insignificante desde el punto de vista mercantil, nadie "fabrica" un grupo de narradores como se fabricaron las "spice girls", no existe la producción en narración oral (lamentablemente) y ni siquiera la sgae nos hace apenas caso... Quien es narrador por oficio ya está renunciando a la posibilidad de enriquecerse con su arte, porque para eso uno se mete a monologuista, por poner un ejemplo fácil, donde si funciona ganará mucho más dinero y celebridad. Aquí seguimos los que queremos contar. Sin embargo, existen esos casos que denuncias de narradores que no ponen corazón, pero yo no creo que sea porque de esa manera ganen más o lo pretendan. Es porque no se atreven. Aman el arte, la mayoría de los narradores que no llegan ni siquiera viven de contar, pero no terminan de ser ellos mismos. Quizá un día lo sean y sorprendan al mundo, o sigan sin llegar... pero creo que el mercado no tiene mucho que ver aquí. Una última cosa: hay en el cuento oral una diferencia esencial con la escritura: uno puede escribir para sí mismo o para la posteridad; pero cuando se cuenta siempre se cuenta para el otro inmediato. Eso no puede obviarse ni olvidarse. Un abrazo enorme!

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    1. Se agradece que no estés de acuerdo con todo Héctor. Quizá se malentienda en el artículo, pero cuando me refiero a mercado o a la otredad no lo hago solo bajo un prisma mercantilista, sino en el impulso. ¿Para quién trabajo? ¿Para satisfacer al otro o para contar lo que deseo? En este punto creo que sí hay una falta de atrevimiento, como comentas, pero también hay mucho de ego y es, si cabe, más preocupante. Se pueden llenar auditorios de aplausos, pero que los cuentos estén completamente vacíos. Uno puede activar los clicks del éxito, sin demasiado esfuerzo. Eso también es mercado, hay un intercambio que es el que alimenta al narrador ególatra, pero no hay arte. Ahí quería poner el acento.

      De todas formas en cuanto a mercado y enriquecimiento, muchos se quedan en el cuento, considerándolo arte menor y por lo tanto más accesible o pensando que los niños se tragan cualquier cosa. No me veo a esos mismo contando para adultos, pero sería otro tema de debate.

      Por otro lado en cuanto a tu reflexión final "cuando se cuenta siempre se cuenta para el otro inmediato", desgraciadamente a algunos les da igual tener un público de 5 años que ovejas o maceteros, nada cambia y solo importa el contador, no a quién se le cuenta, ni siquiera qué se cuenta. Ellos, los narradores, son lo importante y cuentan ante un público porque se aburrieron de mirarse al espejo.

      Gracias por comentar y debatir, esto no es ley, desde luego y se agradecen opiniones.
      Abrazos.

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