sábado, 8 de noviembre de 2014

Charlie y la fábrica de chocolate - Pop up

No soy un especial amante de los pop-up. Si bien hay joyas que se han convertido ya en clásicos por su originalidad y potencia al pasar la página y ofrecer un desplegable que invade el libro (o incluso más allá), hay otros muchos que siguen el efecto contrario: utilizar textos ya conocidos y versionearlos para una edición pop-up. Muchas de estas propuestas se mueven con un mero fin mercantilista y no importa ni la adaptación que hayan hecho del texto, ni la calidad ni variedad en las solapas o tridimensionales. Basta con poner un título conocido y añadir AHORA EN POP-UP.

Por suerte muchas editoriales además de vender libros quieren hacer buenos libros. Es el caso de Combel y la adaptación de Charlie y la fábrica de chocolate, de Roald Dahl. Por un lado encontraremos una edición cuidada y resistente, algo fundamental cuando hablamos de este tipo de libros. En lo referente a los pop-up, básicamente reproduce escenarios que encontramos en la lectura, pero dejando al lector que descubra y juegue tras sus solapas y puertas. No son efectos desmedidos, pero están bien ajustados al libro y a la historia, teniendo el mismo peso que el texto y ayudándonos a completarlo. La página más lograda, sin duda, es la de la tableta de chocolate y el billete dorado. Qué decir tiene que no habrá sido algo azaroso, parece que le puedas meter un bocado en cualquier momento. Palabra. Por supuesto, se mantienen las ilustraciones de Quentin Blake.

En cuanto al texto se ha respetado la historia y sus ritmos. Han sabido manejar la brevedad de páginas con elegancia, aunque pondré dos peros. Un final que llega demasiado rápido y las canciones de los Umpa Lumpa. Quizá en la versión original esté mejor respetada la musicalidad, las rimas y el ritmo, pero en esta versión se hace muuuuy difícil para ser cantada con algo de sentido.


Dentro de los "pop-up remake", por ponernos anglosajones, es un muy buen libro y altamente recomendable. A pesar de la brevedad y sus pocas páginas (apenas diez) logra emocionar al lector y eso es muy buena señal.

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