miércoles, 29 de junio de 2016

Superhéroes

Hay un mal endémico en la literatura infantil, quizá pueda extenderse a la literatura de adultos, pero pongamos que un poquito menos. No ocurre con la música, quizá porque ocupa menos, a veces hasta es invisible su espacio. Pero los libros... ocupan mucho lugar y se amontonan las novedades en las librerías. Grandes títulos suceden a otros y los postergan a la última fila, o al primer piso de la montaña. Sucede en la literatura infantil que se ponen los esfuerzos en las novedades y que estas duran apenas unos meses. Después libros que fueron nuevos no consiguen asomarse entre la multitud de títulos emergentes y los libreros, los lectores, la crítica y las reseñas van desapareciendo sin poner flores si quiera de despedida. Por eso de vez en cuando hay que acordarse de grandes libros que, aún siendo muy jóvenes, ya no son unos chiquillos.

Ese es el caso de Superhéroes, un libro de Roberto Aliaga y Roger Olmos publicado por Anaya hace apenas cinco añitos. En su día cosechó excelentes críticas, y con razón, y aún hoy sigue siendo un libro de referencia, pero insisto que a esas joyitas hay que seguir mimándolas.

El álbum en cuestión narra la historia de una escuela de superhéroes, cada uno con su superpoder especial: lanzar patadas a gran distancia, viajar a otros mundos, visión nocturna... en definitiva, que los chicos de la escuela son la leche. Y lo son, la discapacidad que tienen no impide que así sea, ni les imposibilita sentirse únicos. Así, la super-patada, se descubre como una pierna ortopédica y la visión nocturna se debe a una ceguera que potencia los otros sentidos, por ejemplo.

Es especialmente destacable que no es un libro sobre la discapacidad: es un cuento, un buen cuento, con una buena historia, en la que, además, los protagonistas tienen discapacidad. Roberto zafa a la perfección del peso de la intención y pone su esfuerzo en la sucesión de palabras y de hechos para conformar una historia de calidad. Un cuento cercano, sencillo y tierno, sin ñoñerías.


Roger, como de costumbre, está a la altura y aporta, con su inconfundible trazo, esa mezcla de fantasía y realidad que se vive en esta particular escuela de superhéroes. Una escuela en la que no se mastica el mensaje y en la que el lector es fundamental para completar la historia. 

En definitiva, un libro para seguir teniendo en cuenta.


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